Trece libros

Atribulado por la preocupación salí a caminar. Era una noche de lluvia y el olor de hojas frescas era ensalzado por la humedad. Estaba muy preocupado pues al parecer finalmente me habían encontrado.

 

Aquella mañana todo estaba tranquilo como cualquier otro día. Llevaba ya cinco años oculto en mi auto exilio en la pequeña cabaña que construí en las colinas para ocultarme de mi pasado para huir de lo que en mi incansable búsqueda había sin querer provocado.

 

Pero al parecer finalmente me encontró. Un hombre vino a tocar mi puerta. Un hombre serio, vestido de la manera formal y monótona de los académicos de aquellas universidades que solía visitar en cuyas prohibidas librerías solía yo pasarme horas tratando de dar sentido a escritos antiguos a los que solo algunos hemos tenido acceso. Y no me quedó otra opción que hacer mi mejor esfuerzo por fingir demencia lo cual quizá no está lejos de la verdad y mi apariencia también me avalaba.

 

Le dije que no conocía al hombre que estaba buscando, que no sabía de qué hablaba que solo era un pobre ermitaño que cansado del mundo había decidido dejar todo atrás.

 

Estoy seguro de que no le convencí, o estoy seguro o quizá es mi paranoia, quizá no es lo que creo y nada pasará. ¡No! No puedo correr ese riesgo, es mi responsabilidad y debo hacer lo posible para que no me logren encontrar.

 

Aceleré el paso, era mejor no planear ni preparar si no empezar a caminar y caminar y alejarme. Ni siquiera había yo escogido una dirección. Pero así era mejor. El caos, el azar sería mejor que cualquier plan pues sabía que los que me buscaban fácilmente dilucidarían cualquier estratagema que se me pudiese ocurrir.

 

Tenía conmigo ya las salvaguardas de siempre, los amuletos, los seguros, todo lo que creí que me podría esconder de sus adivinos y videntes. Si ya me habían encontrado quizá ya no me servirían de nada pero aun así me aferré a ellos como quien se aferra a la imagen de la esperanza.

 

No sé cuantas horas me la pasé corriendo, aun era muy oscuro. El cansancio, el hambre empezaban a meyar en mi salud mental. Escucho ruidos, me siento observado, serán los animales del bosque, serán los demonios que andan aprovechando mi desesperación para manifestarse en mi propio camino, quizá fuera mejor que ellos mismo me consumieran, que terminaran con mi suplicio y acabaran conmigo antes de que me encuentren mis perseguidores.

 

¡No! No puedo dejar que eso suceda, no puedo pensar que todo puede acabar tan fácil como la simple muerte. Se que sería demasiado optimista pensar eso cuando los mismos demonios no estarían contentos con un desenlace tan simple como simplemente darme muerte.

 

El sol está saliendo y empieza a amanecer. Me arrepiento de no haber traído nada de comer ni de beber. He decidido seguir hasta morir de cansancio, llegar al lugar más remoto posible y perderme ahí para siempre.

 

De pronto escucho voces. -¿Qué estás haciendo?¿A dónde vas? Ven con nosotros y dejarás de sufrir, tenemos bebida y comida en abundancia. Solo debes decidir liberarnos y te daremos riquezas como jamás imaginaste.- Me estoy volviendo loco. ¡No no estoy loco! Pero no debo responder. Pues no solo sería mi ruina si no también la ruina de todos y cada uno de los seres vivientes de este mundo, de esta realidad.

 

Sigo corriendo hasta encontrar un lugar con barrancos, debo bajar a lo más profundo y buscar dónde esconderme hasta que me llegue la muerte.

 

Bajo el acantilado, con cuidado de no caer. Si muero aquí todo sería en bano pues sería fácil de encontrar mi cadáver. Bajo con todo el cuidado pero el cansancio me juega una mala pasada al poner mi pié en una roca suelta pierdo el equilibrio y caigo.

 

El suelo rocoso golpea mi cuerpo carente de energía. El dolor es agobiante, nubla mi mente me hace caer en un extraño sueño.

 

Me veo, soy yo, hace muchos años, dejo a mi familia y mi hogar para ir a leer a la biblioteca. Encuentro en un estante en un recóndito lugar un libro. Parece un libro antiguo, no lleva ni sello ni tarjeta de bibliográfica. Lo tomo y lo abro, está lleno de dibujos y caracteres que no tienen para mí ningún sentido. Pero me atraen, me embelesan, me hipnotizan. Compulsivamente siento que necesito saber más, siento que me pide que descifre sus secretos. Fue el inicio de mi locura, el inicio de mi viaje voluntario hacia el infierno. En ese momento no lo sabía pero desde entonces dediqué mi vida a buscar información que me llevara a decifrar el contenido de este libro el primero de muchos.

 

Años después, luego de darlo todo por mi obsesión, luego de hacer tratos con benefactores y mecenas sin importarme sus fines ni sus intenciones. Logré hacer un trato con una prestigiosa universidad, me darían todo lo que necesitaba si donaba los libros a su biblioteca. Llevaba miles de tomos leídos, muchos de ellos burdas copias o falsas reliquias. Pero un puñado de ellos, un puñado de ellos eran reales y verdaderos me revelaron los secretos ocultos a un poder que nunca imaginé. Y fue tarde cuando comprendí de qué se trataba todo, y cuál era el poder que se me había otorgado. No lo había notado pero comprendí que era como si estos libros me hubieran escogido, como si me hubieran llevado con engaños a lo que yo creía era un camino que estaba recorriendo por mi voluntad y más aún descubrí la horrenda verdad de su oscuro propósito. De inmediato tomé aquellos tomos antiguos, tomos arcaicos, de incontable valor histórico y los quemé, los arrojé a una hoguera y huí lo más lejos que pude para que nadie me pudiera encontrar. Se que ellos saben de qué soy capaz y saben que los libros ahora viven en mí ya que sin querer he memorizado cada una de sus páginas y aún peor.

 

Despierto, aun estoy vivo. Al fondo de un acantilado, herido y exhausto.

 

-Vamos- otra vez la voz, o las voces- ya deja de luchar, sabes que es inevitable que te encuentren, déjanos ayudarte y tendrás tu recompensa. No más sufrimiento, no más hambre, y todo lo que puedas desear.- Repetían cada vez más fuerte y claro, cada vez más dentro de mi cabeza como un coro de infinitos ecos.

 

A duras penas, cojeando, sangrando y no sé con cuantos huesos rotos me logro arrastrar a las cuevas que se abren al fondo del acantilado. Debo seguir, debo seguir todo lo que pueda mientras más profundo mejor. Los demonios siguen su infernal coro de tentaciones pero sigo adelante tratando de ignorarlos.

 

-Pero que bien se sentiría un poco de agua, que bién se sentiría descansar un momento- me oigo a mi mismo pensar, ¡no! No soy yo, son los demonios, ¡no! Ya no se si soy yo o ellos, ya siento que estoy por perder la voluntad. Pero debo seguir, debo seguir todo lo que pueda.

 

Finalmente mi cuerpo ya no da más. Sonrío, me siento bien conmigo mismo por un momento. -Estúpido humano no has logrado nada, ellos vendrán por ti y mientras estés con vida todo tu esfuerzo habrá sido en vano- sigo ignorando a los demonios en mi cabeza. Trato de arrastrarme más, con suerte puedo seguir hasta morir, exhausto, pero sabré que al menos hice todo lo que pude para acabar con la amenaza.

 

Recuerdo mi última noche con los libros, poco antes de quemarlos, luego de descifrar su contenido, entre historias y maleficios entre verdades horrendas que nadie jamás debe saber, me encontré con la verdad final de aquella obra la verdad de su propósito final, del conjuro que englobaba y que yacía escondido entre líneas todo aquel tiempo el secreto más grande de toda aquella odisea literaria y es que, oculto en forma de enigma entre dibujos sin sentido y caracteres de antigüedad inexplicable la conclusión era esta:

 

“Esta es la llave y la llave es quien lee esto”.

 

Yo era la llave, la llave para un infierno en la tierra.

 

Periódico local:

 

En la mañana del día de ayer 5 de marzo del presente, una pareja de jóvenes dedicada al trecking encontró en una de las tantas cuevas de los bosques aledaños a nuestra metrópoli una colección de antiguos libros. Los libros fueron entregados a las autoridades. Doce de los volúmenes han sido identificados como las invaluables piezas que hace veinte años el doctor Johan Greyson robó de la colección privada de la biblioteca de una prestigiosa universidad. Nos reportan que estos y un decimotercer volumen similar en manufactura y contenido a los otros doce estaban envueltos dentro de viejas ropas, junto con amuletos, patas de conejo, herraduras entre otros extraños objetos presumiblemente pertenecientes al mencionado doctor. Se creía que el doctor habría robado los volúmenes para venderlos en el mercado negro, pero la nueva evidencia señala que los mantuvo ocultos con fines desconocidos. Los jóvenes fueron recompensados por el hallazgo.  Los trece libros serán devueltos a la universidad para ponerlos a buen recaudo en una sala especializada ideal para su conservación. No se encontraron más pistas del paradero del doctor Greyson.

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