Tynitorc – La balada de la leyenda de la saga de un orco


Era un día soleado de calor intenso un personaje caminaba solitario por el desierto sin saber que alguien lo observaba. El estruendo de un disparo hizo eco en el silencio del descampado. Con una reacción refleja el caminante esquivó, y en un mismo movimiento dió vuelta y le arrojó su enorme hacha al atacante. La bala rozó su hombro derecho haciendo salpicar un chorro de sangre pero no causó expresión alguna en en su rostro.

Caminó hacia él origen del disparo. El pistolero se encontraba tirado en el suelo, sobre su cabeza el hacha había partido su sombrero negro en dos mitades iguales, sintió la humedad de una gota deslizándose de su cuero cabelludo hasta su nariz. Vió la enorme silueta de su otrora víctima en frente de él acercarse y tomar la enorme hacha por el mango con una mano.

-¡No me mates! , ¡Un momento! todo ha sido una confusión. Gritó con angustia y desesperación el pistolero. Él era un goblin, un humanoide pequeño, los adultos llegaban a medir la mitad de un humano promedio.  Los goblins se caracterizaban por su volátil temperamento, falta de empatía y por ser sanguinarios y desalmados.

-¡Tu tratar matar!-

El señor del hacha era un orco, humanoides de piel verdosa, no muy inteligentes, prontos a la ira y también sanguinarios y crueles aunque solían tener al menos consideración por los suyos y una jerarquía tribal. Este individuo era particularmente grande incluso para ser un orco, quizá tendría algo de sangre de gigante, un problema hormonal o un tumor en el cerebro, lo que explicaría su manera de ser.

-¡Yo ser héroe, yo matar malos!- Agregó levantando el hacha para asestar el golpe final.

-¡Nooo!- Chilló el goblin ¿Héroe he?, quizá esa sea mi salida de este embrollo– pensó -¡No me mates, todo ha sido una confusión, yo también soy un héroe, soy bueno! Te contaré lo que pasó:

Mi nombre es Arthur Hopert Goblinson III, como tú, soy un héroe, acabo de salvar a un pueblo de una banda de malhechores. Verás estaba yo en mis asuntos cuando llegaron y trataron de asaltar el banco, pero yo no iba a permitir que cometiesen tal crimen en mi presencia, así que me les enfrenté, pude detener a casi todos y entregarlos a las autoridades pero uno escapó. Venía yo persiguiéndolo, pero le perdí la pista, cuando te vi a lo lejos por error pensé que se trataba de él.- Dijo el pequeño rápidamente y muy agitado.

En realidad lo que había pasado con el goblin era que sí, había estado en el pueblo, pero con su banda de ladrones goblins quienes fueron con la intención de robar el banco. Pero siendo nuestro amigo especialmente ladino, no se le ocurrió mejor idea que traicionar a los suyos. Antes del atraco alertó a las autoridades del pueblo, razón por la cual se armó una balacera en la que él aprovechó para asesinar tanto a los representantes de la ley, a sus colegas bandidos y a todo civil que se topó en su camino. Como dije los goblins eran en su mayoría despreciables hombrecillos desalmados, pero este además era particularmente traicionero y bellaco. Luego del golpe, se llevó todo lo que pudo en oro del banco así como las mejores armas y en general todo lo que quiso de los cadáveres.

Volviendo a la historia. Nuestro amigo goblin estuvo tan concentrado en su historia falsa que no se dió cuenta que el orco ya se había ido a la mitad del cuento.

-¡Vaya uno gastando sus talentos histriónicos y este tarado ni lo valora!- Levantó las dos mitades de su sombrero las miró y con desdén, giró la cabeza de lado a lado y las arrojó al suelo y continuó su marcha.

Un par de días de caminata después, se encontraba él renegando -Debí asegurarme de que al menos un caballo quedara con vida, ¿Cómo no lo pensé en medio del éxtasis de la matanza?, nota mental siempre dejar una montura viva.- de pronto pisó algo. -¡Aj!, ¿qué demonios es estó?- Miró al suelo y ahí se encontraban restos palpitantes de orco. Una colección de huesos y piel en una masa verde roja junto a su hacha hecha pedazos. -¡No puede ser!, es el orco que esquivó mi bala, pero es imposible que alguien tan hábil para esquivar uno de mis disparos se encuentre en este estado.- Revisó las cercanías y encontró huellas de una feroz batalla. –Obviamente alguien, un humanoide muy poderoso se enfrentó a este estúpido y acabó con él luego de una intensa pelea. ¿Qué tal si ese individuo aún está cerca? no tendría yo oportunidad si me encuentra solo. Mi única opción es usar mi valioso elixir de regeneración en el orco y si nos encontramos con el guerrero que lo venció puedo usar a este sorete de carne de cañón y huir.– El goblin sacó de su trasero una bolsa pequeña. Era una de esas bolsas mágicas que en su interior pueden llevar grandes cantidades de cosas, y ésta era de las más caras y con mayor capacidad. Sacó de la bolsa una botella muy elegante con una etiqueta que decía «Gran elixir de regeneración» y vertió su contenido por donde creía estaba el inicio del sistema digestivo del otrora orco, ahora gelatina de limón con fresa.

La poción mágica hizo efecto y poco a poco los huesos se juntaron y rearmaron, sobre ellos los músculos tendones, nervios y finalmente la piel verde.

-¿Qué pasar?- Preguntó desorientado el recién sanado orco.

-Orco, yo el gran héroe Arthur Hopbert Goblinson III con mi gran bondad y magnificencia te he salvado la vida! No tienes que agradecerme, por ahora. Debemos salir de aquí lo antes posible no vaya a ser que regrese…

-Oh yo agradecer, tu heroe amigo. Yo recordar, yo pelear con guerrero cubierto de metal. Enemigo muy fuerte. ¡Yo tener que buscar para revancha!

-¿Qué? ¡No!, Debemos huir, digo, no orco, debemos ir a buscarte una nueva arma no puedes luchar sin armas y ropa- en ese momento el goblin se dió cuenta de que el orco estaba desnudo- y ro pa pa- quedó impresionado con el tamaño de la «hombría» del orco- que que- sonrojado sacudió su cabeza- No hay tiempo para pensar en esas cosas ahora, debemos irnos y volver a equiparte para ser héroes ¿recuerdas?

-Sí, no poder luchar sin armas. Tinytorc héroe.- dijo el orco extendiendo su mano, el goblin le dió su mano diciendo -Arthur Hopbert Goblinson III, mmm también héroe- dijo el goblin, el orco se le quedó mirando y baba escurría de su labio, era demasiado para procesar en su simple cerebro. El goblin notó su dificultad y dijo- Ok, ya llámame Hopbert- Dijo el hombresillo verde mostrando sus palmas relajado. -Hooop-

-Sí, sí, Hopbert.-

-Hooop-

-Hop…bert-

-Bert-

-¡Hopbert!-

-Hop-

-¡Hopbert!-

-¡Hop!

Dijo el orco -¡Amigo Hop!- agregó.

-Grrr ya bueno lo que sea- Se resignó llevando su mano a su rostro y moviendo la cabeza de lado a lado.- ¡Vámonos ya!.

Unos días después nuestros “héroes” llegaron a un pueblo de monstruos con la intención de reequipar al orco, pero se dieron con la sorpresa de que había sido destruido. Los edificios estaban en ruinas y había cadáveres por todos lados.

-Esto debe ser obra del hombre al que te enfrentaste- reflexionó el goblin.

El orco solo se quedaba ahí con la mirada perdida.

-Saquemos todo lo que tenga valor acampemos a las afueras, algunos cadáveres aún no están tan estropeados podemos usarlos de cena.

A la mañana siguiente partieron al siguiente pueblo pero se encontraron con la misma figura, y así mismo con el siguiente y el que le seguía a ese. Pasaron por seis pueblos y todos habían sido destruidos.

-Este hombre, ha destruido todos las poblaciones a su paso, no nos queda más remedio que ir a una ciudad humana. Escucha, -sacó de su bolsa mágica dos prendas- nos pondremos estas capuchas y trataremos de entrar sin delatar que no somos aliados humanos. Tu sólo me sigues y no digas nada o… ¡O muchos cachorritos y gatitos morirán!

-¡Oh no!- respondió el orco con sus manos a ambos lados de su rostro.

Llegaron a una ciudad humana, una ciudad portuaria. Hace muchos años que los humanos y sus aliados, elfos, enanos, etc, habían luchado una sangrienta guerra contra los que ellos consideraban razas de monstruos; goblins, orcos, trolls, ogros, etc. Por tanto eran enemigos y serían arrestados o eliminados de ser descubiertos.

-Espera aquí mientras voy a hablar con los guardias.- El pequeño encapuchado se dirigió a los guardias y regreso.

-Bien, pasaremos, sin decir nada, ya sabes, los gatitos y eso. He usado mi poder de persuasión para que nos dejen entrar sin preguntas.

El goblin había sobornado a los guardias con oro, ellos dejaron pasar al par de encapuchados.

Luego se dirigieron a una posada de las más baratas cerca del puerto y usando la misma técnica alquilaron una habitación.

-Quédate aquí mientras voy por las armas y provisiones. ¡No te muevas ni hagas ruidos, recuerda a los cachorritos!- Dijo Hopbert poniendose su capucha negra mientras salía de la habitación.

En medio de la noche regresó el goblin a despertar al orco.

-¡Hey hey! Despierta tenemos que irnos de inmediato, toma.- Le dió al orco una nueva hacha tan grande como la anterior y varias otras cosas como pociones, otros objetos mágicos y un anillo.

Usa este anillo te ayudará a entender mejor las cosas.

El orco se puso el anillo.

-Gracias Hop…-

-Silencio no hagas ruido que debemos huir sin que nos vean. Al parecer los guardias nos traicionaron y han llamado a las autoridades humanas para detenernos.

-¡Yo puedo acabar con cualquier humano!

-¡No no!, debemos huir sin hacer alboroto. ¡Es una orden!

-Sí señor Hop.- Dijo el orco con voz monótona y la la mirada perdida.

-Muy bien sígueme y no hagas ruido.

Ambos salieron por la ventana y se escabulleron por las calles con sus capuchas puestas.

Mientras el orco descansaba en la posada el goblin se había ocupado de encargar a un mago hacer una anillo que aumentaría ligeramente la inteligencia del orco pero además le permitiera a él tener control mental sobre el guerrero. Luego se paseó por los mercados asesinando a mercaderes y robando su mercadería. Sabía que las autoridades no tardarían en enterarse e irían tras de él. Por tanto decidió huir en medio de la noche e ir hacia el oeste a alejarse lo más posible del individuo que venció al orco e iba matando monstruos y seguir con su alegre vida de destrucción, asesinatos y robos.

Salieron al camino hacia el noroeste y viajaron un par de horas cuando se presentó frente a ellos una figura. Un hombre los esperaba en medio del camino, y telepáticamente se dirigió a Hopbert.

– ¡Goblin!, he venido a llevarme al orco, lo necesitamos para lidiar con Alberac.-

-¿Qué? A sì claro amigo te ayudaremos- Dijo Hopbert mientras se acercaba junto con el orco a donde estaba el individuo. Cuando estuvieron ya muy cerca en un solo movimiento desenfundó y empezó a disparar con sus revólveres mientras gritaba – ¡Ataca a este imbécil Tynitorc, destrúyelo ja ja ja ja!-

El orco, otra vez con la mirada perdida, corrió con su hacha en ambas manos y asestó un golpe al hombre en medio del camino.

El hombre se convirtió en una nube antes que lo tocaran las balas o el hacha.  La nube pasó por el orco atravesándolo.

-¡Pobre estúpido si creías que podías llevarte a mi guardaespaldas así nomás!- Gritó riendo el goblin mientras disparaba otra ronda de balas a la nube.

El orco sacudió su cabeza dió la vuelta y como un rayo recorrió la distancia entre él y el goblin para luego darle un golpe en la cabeza con la parte plana de su hacha.

– ¿Qué haces?- Alcanzó a decir Hopbert mientras el dolor del golpe entumecía su cuerpo.

El goblin perdió la conciencia.

Al despertar escuchó voces hablando.

-…y este goblin había puesto un hechizo de control mental en el anillo que te dió el cual también aumenta ligeramente tu inteligencia. He neutralizado el hechizo de control mental así que no tienes porqué preocuparte.

-Gracias por no matarlo, si bien trató de esclavizarme y en general es una rata rastrera, le debo la vida.

-No es nada, siempre que puedas tenerlo bajo control. Sabemos que pudiste darle pelea a Alberac y por eso te hemos traído.

-¿Dónde estoy?- Dijo Hopbert abriendo lentamente sus ojos.

-Estás en el reino de Zombitia. Dijo un personaje que parecía un cadáver con lujosas prendas de vestir al estilo rococó cabello ondulado frondoso.

-Somos la resistencia y estamos aquí para derrotar a Alberac.

-¿Qué?¿Quién?

-Alberac, es un poderoso caballero que ha llegado a estas tierras y a destruido ya decenas de asentamientos e incluso algunos reinos.

Estamos aquí porque en unas horas lo vamos a enfrentar en las calles de mi reino con mis ejércitos y principalmente los aquí presentes. Hemos dejado señuelos para atraerlo. Mi nombre es Lord Zombite, este es el conde Nosferaldo a quien ya conociste y estas mis concubinas Changonia, Ciclopecia y Gorgonia. Junto con Tinytorc enfrentaremos la amenaza. Puedes ayudarnos o irte.

El goblin lo pensó por un momento, no sería seguro para él irse con la amenaza de Alberac cerca. Decidió quedarse y escapar cuando Alberac llegara.

-Me quedaré a ayudarles, pueden contar con mis pistolas.- Dijo levantando sus armas tratando de lucir sincero.

-Bien, este es el plan. Mis ejércitos de nomuertas y elfas oscuras encaminarán a Alberac hasta nuestra trampa. Yo levantaré en la plaza de la ciudad un campo de energía negativa que debilitará a Alberac. Ahí Tinytorc le dará el encuentro y luchará con él con la ayuda de Changonia. Nosferaldo atacará desde el aire, tú, Ciclopecia y Gorgonia atacarán desde diferentes ángulos. Yo me encargaré de mantener el campo de energía negativa fuerte y constante.

El equipo se dirigió cada uno a sus posiciones. Los ejércitos de cientos de elfas oscuras y no muertas se alinearon fuera de la ciudad.

Nosferaldo tomó su forma gaseosa y se puso a esperar en el cielo sobre la plaza.

Zombite empezó ha hacer un ritual para crear un poderoso campo de energía negativa en la plaza.

Mientras tanto la batalla había comenzado y los ejércitos eran diezmados por el poder de Alberac quién se abría paso entre la multitud bajo una lluvia de flechas y hechizos, la mayoría de los cuales morían en un destello a centímetros de su armadura.

Finalmente llegó el guerrero a la plaza. Tinytorc salió a interceptarlo, seguido por Changonia. Al verse empezó la batalla. El orco otra vez en un parpadeo cortó la distancia entre él y su oponente y ambos quedaron trabados espada con hacha en el medio de la plaza. Los músculos del orco hinchados y sus venas palpitantes hacían todo lo que podían para generar la fuerza necesaria para contrarrestar el empuje de la espada del oponente más éste empezó a tener la ventaja. Mientras Changonia, la mujer gorila, con su maza pesada golpeaba a Alberac por la espalda.

Desde el cielo un rayo cayó sobre Alberac proveniente de la nube negra, Nosferaldo. Más al igual que los hechizos del ejército la energía ni llegó a tocar al enemigo.

Mientras las los rayos del ojo de Ciclopecia, las flechas de Gorgonia y las balas de Hobbert rebotaban en la armadura.

Los contendientes en medio de la plaza pasaron casi instantáneamente a golpes y evasiones rápidas. En ese momento la desigualdad de poder era evidente. Alberac se movía a velocidades sorprendentes y la pelea pasó de un intercambio de ataques al orco a duras penas defendiéndose de los múltiples, veloces y elegantes ataques de su némesis. Esquivó y esquivó docenas de sablazos y estocadas, pero cada vez más y más eran los golpes que recibía que los esquivados o desviados. Finalmente el orco cayó al suelo. En ese instante Alberac con una ágil maniobra dió una vuelta completa describiendo una amplia curva con su espada y cortó a Changonia por la cintura. La expresión de sorpresa de la mujer gorila fue acompañada por un susurro de “¡Te he fallado amor mío!” mientras caía muerta mirando a los ojos a Zombite quién perdió por un segundo la concentración.

En ese momento la espada de Alberac resplandeció y asestó un golpe que el orco apenas pudo desviar parcialmente.

Voy a morir, esta vez no estoy a la altura de las habilidades de mi enemigo. -Pensó mientras la punta de la espada del caballero creaba un surco sanguinolento en bicep derecho del guerrero-

¡No! Estoy peleando incluso peor que aquella vez, ni con la ayuda de mis aliados podré superarlo.- Alberac volvió a levantar la espada para asestar el siguiente golpe.

-¡El anillo estoy pensando demasiado!- Se dijo a sí mismo el orco mientras se removía el anillo del dedo dejándolo caer en el suelo de la plaza.

El golpe de la brillante espada cayó. Tinytorc rodó rápidamente esquivando el golpe a la vez que sacaba de su cinturón una poción de cura la cual se metió en la boca con todo y botella, la mordió y se la tragó con pedazos de vidrio roto. Terminó la maniobra tirando su peso sobre sus manos y saltando con ellos hacia adelante poniéndose de pie.

Zombite recobró la templanza. La espada de Alberac dejó de brillar.

Alberac hizo una pequeña pausa. Miró el rostro del orco, algo era diferente, su expresión de determinación había sido reemplazada por una sonrisa simplona y  la mirada perdida que tenía su enemigo la primera vez que lo enfrentó.

Alberac no perdió más tiempo y dió una estocada larga con la tenía la intención de terminar con el orco. Cuando el arma llegó a su destino el objetivo ya no estaba ahí. Al voltear vio que el orco había recuperado su arma y la cabeza del hacha estaba a punto de aterrizar en su espalda.

Se escuchó un gruñido ahogado y por el visor del casco los ojos de Alberac, por un momento visibles se abrieron a tope. Uno de los rayos de Nosferaldo atravezó su cuerpo en ese instante, la electricidad recorrió su cuerpo haciendo que sus músculos se contraigan y sus nervios enviaran la sensación de dolor intenso por quemaduras. El orco siguió asestando golpe tras golpe, Alberac estaba ahora a la defensiva. Mientras Alberac se veía en desventaja, empezó a cometer errores y una bala de Hop le dió en la pierna.

Aunque ahora su atacante tenía apoyo Alberac estaba seguro que el orco era más hábil incluso que la primera vez que pelearon. De un hachazo el orco hizo volar la espada de Alberac. Cayó de rodillas. El orco levantó la mano y gritó con voz estridente – ¡Alto! . Todos pararon excepto Hop quien siguió disparando. El orco tomó la brillante espada de Alberac y la lanzó hacia el goblin. Esta aterrizó una vez más exactamente sobre su cabeza apenas rozando su piel, la luz de la espada se extendió al cuerpo del goblin quien gritó agonizante ¡Ahhhg! Quedó humeando tirado en el piso.

¡Termina de una vez monstruo!-Dijo Alberac. Tinytorc le quitó el casco y quedaron todos sorprendidos.

Alberac era una hermosa elfa de cabellos negros y piel canela. Sus ojos eran de tonos que parecían variar del turquesa al azul.

¡Termina de una vez!-Dijo Alberac, ya sin el casco su voz sonaba profunda pero femenina.

Tu ser única persona en vencer a Tinytorc uno a uno. Yo querer revancha.- Dijo el orco extendiendo su mano. Los otros se miraron unos a otros. No podemos dejarla vivir ha asesinado miles de los nuestros. Le dijo Zombite.

Nosferaldo apareció y le devolvió su anillo a Tinytorc. Este respondió mientras se ponía el anillo:

-Yo ser héroe, yo no matar enemigo caído, yo creer que hay bondad en todos y que todos nos equivocamos. Los humanos y sus aliados tienen razones para odiarnos, en incontables guerras los nuestros han matado y cometido horrendos actos en contra de los suyos. Si seguimos actuando de esa manera ninguno de nosotros vivirá jamás en paz. Ella vino a destruirnos porque otros de los nuestros hicieron lo mismo con su gente. Personas con poder como nosotros debemos luchar por llegar a la paz en lugar de erradicar al enemigo.-

-Bueno entendemos tu punto pero aún así es muy peligroso para nosotros- Dijo Nosferaldo telepáticamente a todos los presentes.

-Si no comparten mi forma de pensar me llevaré a Alberac conmigo y no nos volverán a ver-

-No, creemos que eres un poderoso aliado y sabemos que ni juntos podemos derrotarte, quién sabe cuándo vendrá el próximo Alberac. Nos conviene que te quedes con nosotros, yo estoy dispuesto a aceptar tus condiciones.- Dijo Lord Zombite.

-¿Qué haremos con el goblin?-

-Es mejor que también esté bajo mi supervisión por ahora.- Respondió el orco.

-Alberac, tendremos otro combate, sólo tu y yo. Tú me venciste una vez, quiero probarte que yo puedo vencerte a ti en igualdad de condiciones. Por ahora dejarás todo tu equipo mágico y te quedarás con nosotros bajo mi supervisión.

Alberac sólo lo miraba con los ojos bien abiertos nunca imaginó que la batalla terminaría así.

-Lamento la muerte de tu amiga Zombite.-

– Yo también, fue una buena concubina y sé que su deseo era no regresar como muerto viviente. Así que le daremos impía sepultura.

El grupo regresó al castillo de Zombite donde cenaron y descansaron, aunque obtuvieron la victoria, muchas fueron las bajas por lo que fue un desenlace agridulce.

Tinytorc continuó entrenando un tiempo y le dió facilidades a Alberac para entrenar. Aprendió a dejar la mente en blanco en la batalla sin necesidad de quitarse el anillo de inteligencia. Sus nuevos amigos le proveyeron del mejor equipo mágico, una nueva y mejor hacha, dagas, espadas, y hasta una armadura ligera ya que le era incómodo llevar mucho metal encima. También mejoraron el anillo de inteligencia, le dieron protecciones contra poder mental entre otras cosas.

Tinytorc decidió que ya era hora de su duelo con Alberac, pero ella le dijo que no se sentía suficientemente fuerte. Tinytoc entonces le propuso emprender un viaje para seguir su heróico destino y Alberac aceptó. Llevaron con ellos al goblin ladino pues no podían dejarlo solo. Y así empezaron una vida de aventuras.

Notas: Esta es una historia que empezó como un comic hace muchos años. Lamentablemente no soy muy bueno haciendo comics ni continuándolos.

Todos los personajes y las situaciones aquí descritas son ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. No, mentira, están basados en parte en amigos con los que jugaba rol. Si alguna vez leen esto, obviamente ya saben quiénes son. Gracias a todos por la inspiración XD